"Igueret Hashmad" Carta en defenza de los Anusim

RAMBAM
Moisés ben Maimon, De padre talmudista, astrónomo y matemático, nació en 1135 en Córdoba, España, y cerca de la edad del Bar Mitzvá fue testigo de la invasión de los almohades que llegaban de Noráfrica para imponer el Islam en Sefarad.Los judíos de Córdoba se vieron obligados a emigrar y, después de andanzas, la familia de Maimónides arribó a Fez en Marruecos,
con el objeto de que el joven Moisés aprendiera Torá del eruditoYehuda Hacohen ibn Shushan, a los veinticinco años continúa en Fez instruyéndose y escribiendo sus proverbiales comentarios sobre la Mishná, cuando su maestro es asesinado por que se negó a convertirse al Islam. Maimónides, muy dolido por la muerte de su maestro, redacta en Fez la epístola
Igueret Hashmad sobre el tema de las conversiones forzadas que padecían los Judíos en Marruecos y Sefarad, en Igueret Hashmad, tomó la defensa de aquellos judíos que habían aceptado el credo mahometano bajo presión, practicando el Judaísmo en secreto asi como los Anusim de Sefarad, para salvaguardar sus vidas hasta que cambiara la situacion y terminaran las persecuciones contra los Judios.
Maimonides defendio el derecho de estos judios a pertenecer al Pueblo Judio contra la opinión de otros  judíos que los consideraban idolatras. 


"Silva, del linaje de Hasdai y Samuel haNaguid" asi respondio Francisco al ser trasladado a Santiago de Chile.

Francisco Maldonado de Silva(1592/1639)

por Dr. Mario Eduardo Cohen (*)

Dedicaremos esta ponencia a analizar la vida y el pensamiento de Francisco Maldonado de Silva (1592/1639) en el contexto histórico de la época. Había nacido en Tucumán (hoy provincia argentina) que muriórelajado’ (= quemado vivo) en Lima (Los Reyes) el 23 de enero de 1639. Es el más célebre de los mártires criptojudíos de América del Sur. Fue acusado de judaizante y estuvo preso durante 12 años antes de su ejecución; vivió solamente 46. Era hijo del cirujano portugués Diego Núñez de Silva (juzgado por la Inquisición de Lima y reconciliado en1605) y de Isabel Otañez (sevillana). El hermano mayor de Francisco, llamado Diego de Silva también fue reconciliadoen la misma fecha que el padre.
Lo más interesante a los efectos de analizar los pensamientos de Francisco Maldonado de Silva es que mientras estuvo preso, sostuvo 15 “disputas” con los doctores más calificados de la Iglesia y se mantuvo “pertinaz” (es decir defendió sus convicciones). Conocemos parcialmente el contenido de dichas discusiones a través de los textos de la Inquisición y del propio Maldonado de Silva. Éste nos dice en una de las cartas, que elaboró más de doscientos
argumentos para los calificadores y que no le respondieron (1). Los calificadores definieron los argumentos de Maldonado como “explicaciones frívolas”, “para hacer vana ostentación de su ingenio y sofisterías”. Y agregaron que los infinitos cuadernos que escribió, lo hizo “por la curiosidad de juntar papelitos”. El lector juzgará quien tenía razón luego de analizar alguno de los argumentos de Maldonado que veremos más adelante.
A la pluma de Francisco Maldonado de Silva se deben dos cartas de 1633, dirigidas a la Sinagoga de Roma y escritas en latín (que nunca fueran enviadas) y un cuadernillo (año 1638). Son los únicos textos propios que se conservan. Las cartas tienen alto valor histórico y literario. Además, escribió varios otros cuadernillos (cuyo destino no lo conocemos) y dos libros que fueron quemados con el propio Maldonado en 1639.
Es interesante destacar la lucidez de un condenado como Francisco de Maldonado de Silva, cuando describe en la segunda carta a la Sinagoga de Roma, la situación del reo ante la Inquisición: ‘...el que abiertamente confiesa ser judío y no haber otro Dios verdadero que el Dios de Israel, es echado al estrago del fuego y le quitan toda su hacienda, y si acaso tiene hijos no se compadecen en absoluto de ellos; por el contrario, quedan en perpetuo oprobio. Si se
convierten a los cristianos, quitados todos sus bienes, los vejan con oprobio perpetuo, pues aunque por algún tiempo corto o largo les ponen sobre los vestidos la capa que llaman de Sambenito, sin embargo el estigma de su oprobio se imprime en su sangre y en la de sus hijos de generación en generación, y no pueden ni ellos ni sus hijos desempeñar funciones públicas en los Estados de los cristianos...’(2). Este diagnostico que hace de la Inquisición y sus consecuencias lamentablemente se aplicó a su propia esposa e hijos que tuvieron que vivir en la mayor indigencia luego del apresamiento de Maldonado de Silva. Resalta además sus profundos conocimientos bíblicos tanto en español como en latín. En los pocos textos que nos han quedado hace referencia a 52 citas bíblicas en su mayoría del Antiguo Testamento y algunas del Nuevo Testamento. Es realmente increíble que la defensa del judaísmo provenga de un condenado por la Inquisición que nunca tuvo acceso a ningún texto hebreo original. Debe recordarse que los criptojudíos americanos no tenían acceso a fuentes vivas del judaísmo. No había maestros, ni rabíes o exegetas que pudieran transmitir sus conocimientos. Estaban prohibidos todos los libros judaicos y tampoco había calendario para encontrar las fechas de las festividades. Además, ni siquiera se podía acceder a las Biblias católicas prohibidas por la Inquisición. En este contexto adquieren aún mayor relevancia sus conocimientos bíblicos. Además llama la atención en los escritos de Francisco Maldonado de Silva su elevado concepto moral del hombre y su afirmación de los más caros derechos humanos; especialmente si tenemos en cuenta las durísimas condiciones que debió sobrellevar como preso en las cárceles de la Inquisición durante doce años. Y entre sus escritos (segunda carta a la Sinagoga de Roma), figura:
‘...Amad la misericordia y la justicia, dad con largueza vuestra limosna a los prójimos pobres y, en fin, temed a Dios y amadle de todo vuestro corazón para que proteja a vosotros y a vuestros hijos después de vosotros... Defended Su Verdad ....Elegid para vosotros la vida ...’(3). Curiosamente, estas líneas eran escritas a la Sinagoga de Roma por Maldonado de Silva en el 1633, o sea en los mismos días que en otra latitud, en Recife (el nordeste del Brasil bajo dominio holandés), se estaba fundando la primera Comunidad Judía de América, de la que seguramente, Maldonado de Silva no tenía noticia alguna sobre su existencia. Para concluir, el proceso a Francisco Maldonado de Silva es uno de los mejor documentados, pero no ha recibido toda la atención que merece de parte de los historiadores. La valentía del personaje, su coraje al desafiar a la mayor autoridad de la época. Sus convicciones llevadas hasta el final de sus días no pueden más que provocar nuestra admiración, cualquiera fueren nuestras creencias. Francisco Maldonado de Silva debe incorporarse a la lista de los grandes mártires latinoamericanos que lucharon por la libertad de expresión y desafiaron a la mayor empresa del Imperio Español en América: la Inquisición.

(*) Este artículo forma parte de la ponencia del autor en el Congreso de Madrid junio de 2006. /(1) Bohm, Gunter: Historia de los judíos en Chile, Vol I, Período Colonial. Judíos y Judeo conversos en Chile Colonial durante los siglos XVI y XVII. El bachiller Francisco Maldonado de Silva, 1592 -1639, Santiago de Chile, 1984, pag. 324) / (2) Bohm, op cit, pag. 324. / (3) Bohm, op cit, pag. 324 y325



Edicto de expulsión

Los Reyes Fernando e Isabel, por la gracia de Dios, Reyes de Castilla, León, Aragón y otros dominios de la corona- al príncipe Juan, los duques, marqueses, condes, ordenes religiosas y sus Maestres,... señores de los Castillos, caballeros y a todos los judíos hombres y mujeres de cualquier edad y a quienquiera esta carta le concierna, salud y gracia para él. Bien es sabido que en nuestros dominios, existen algunos malos cristianos que han judaizado y han cometido apostasía contra la santa fe Católica, siendo causa la mayoría por las relaciones entre judíos y cristianos. Por lo tanto, en el año de 1480, ordenamos que los judíos fueran separados de las ciudades y provincias de nuestros dominios y que les fueran adjudicados sectores separados, esperando que con esta separación la situación existente sería remediada, y nosotros ordenamos que se estableciera la Inquisición en estos dominios; y en el término de 12 años ha funcionado y la Inquisición ha encontrado muchas personas culpables además, estamos informados por la Inquisición y otros el gran daño que persiste a los cristianos al relacionarse con los judíos, y a su vez estos judíos tratan de todas maneras a subvertir la Santa Fe Católica y están tratando de obstaculizar cristianos creyentes de acercarse a sus creencias.  Estos Judíos han instruido a esos cristianos en las ceremonias y creencias de sus leyes, circuncidando a sus hijos y dándoles libros para sus rezos, y declarando a ellos los días de ayuno, y reuniéndoles para enseñarles las historias de sus leyes, informándoles cuando son las festividades de Pascua y como seguirla, dándoles el pan sin levadura y las carnes preparadas ceremonialmente, y dando instrucción de las cosas que deben abstenerse con relación a alimentos y otras cosas requiriendo el seguimiento de las leyes de Moisés, haciéndoles saber a pleno conocimiento que no existe otra ley o verdad fuera de esta. Y así lo hace claro basados en sus confesiones de estos judíos lo mismo a los cuales han pervertido que ha sido resultado en un gran daño y detrimento a la santa fe Católica, y como nosotros conocíamos el verdadero remedio de estos daños y las dificultades yacían en el interferir de toda comunicación entre los mencionados Judíos y los Cristianos y enviándolos fuera de todos nuestros dominios, nosotros nos contentamos en ordenar si ya dichos Judíos de todas las ciudades y villas y lugares de Andalucía donde aparentemente ellos habían efectuado el mayor daño, y creyendo que esto seria suficiente de modo que en esos y otras ciudades y villas y lugares en nuestros reinos y nuestras posesiones seria efectivo y cesarían a cometer lo mencionado. Y porque hemos sido informados que nada de esto, ni es el caso ni las justicias hechas para algunos de los mencionados judíos encontrándolos muy culpables por lo por los susodichos crímenes y transgresiones contra la santa fe Católica han sido un remedio completo obviar y corregir estos delitos y ofensas. Y a la fe Cristiana y religión cada día parece que los Judíos incrementan en continuar su maldad y daño objetivo a donde residan y conversen; y porque no existe lugar donde ofender de mas a nuestra santa creencia, como a los cuales Dios ha protegido hasta el día de hoy y a aquellos que han sido influenciados, deber de la Santa Madre Iglesia reparar y reducir esta situación al estado anterior, debido a lo frágil del ser humano, pudiese ocurrir que podemos sucumbir a la diabólica tentación que continuamente combate contra nosotros, de modo que, si siendo la causa principal los llamados judíos si no son convertidos deberán ser expulsados de el Reino. Debido a que cuando un crimen detestable y poderoso es cometido por algunos miembros de algún grupo es razonable el grupo debe ser absuelto o aniquilado y los menores por los mayores serán castigados uno por el otro y aquellos que permiten a los buenos y honestos en las ciudades y en las villas y por su contacto puedan perjudicar a otros deberán ser expulsados del grupo de gentes y a pesar de menores razones serán perjudiciales a la República y los mas por la mayoría de sus crímenes seria peligroso y contagioso de modo que el Consejo de hombres eminentes y caballeros de nuestro reinado y de otras personas de conciencia y conocimiento de nuestro supremo concejo y después de muchísima deliberación se acordó en dictar que todos los Judíos y Judías deben abandonar nuestros reinados y que no sea permitido nunca regresar. Nosotros ordenamos además en este edicto que los Judíos y Judías cualquiera edad que residan en nuestros dominios o territorios que partan con sus hijos e hijas, sirvientes y familiares pequeños o grandes de todas las edades al fin de Julio de este año y que no se atrevan a regresar a nuestras tierras y que no tomen un paso adelante a traspasar de la manera que si algún Judío que no acepte este edicto si acaso es encontrado en estos dominios o regresa será culpado a muerte y confiscación de sus bienes. Y hemos ordenado que ninguna persona en nuestro reinado sin importar su estado social incluyendo nobles que escondan o guarden o defiendan a un Judío o Judía ya sea públicamente o secretamente desde fines de Julio y meses subsiguientes en sus hogares o en otro sitio en nuestra región con riesgos de perder como castigo todos sus feudos y fortificaciones, privilegios y bienes hereditarios. Hágase que los Judíos puedan deshacerse de sus hogares y todas sus pertenencias en el plazo estipulado por lo tanto nosotros proveemos nuestro compromiso de la protección y la seguridad de modo que al final del mes de Julio ellos puedan vender e intercambiar sus propiedades y muebles y cualquier otro articulo y disponer de ellos libremente a su criterio que durante este plazo nadie debe hacerles ningún daño, herirlos o injusticias a estas personas o a sus bienes lo cual seria injustificado y el que transgrediese esto incurrirá en el castigo los que violen nuestra seguridad Real.  Damos y otorgamos permiso a los anteriormente referidos Judíos y Judías a llevar consigo fuera de nuestras regiones sus bienes y pertenencias por mar o por tierra exceptuando oro y plata, o moneda acuñada u otro articulo prohibido por las leyes del reinado. De modo que ordenamos a todos los concejales, magistrados, caballeros, guardias, oficiales, buenos hombres de la ciudad de Burgos y otras ciudades y villas de nuestro reino y dominios, y a todos nuestros vasallos y personas, que respeten y obedezcan con esta carta y con todo lo que contiene en ella, y que den la clase de asistencia y ayuda necesaria para su ejecución, sujeta a castigo por nuestra gracia soberana y por la confiscación de todos los bienes y propiedades para nuestra casa real y que esta sea notificada a todos y que ninguno pretenda ignorarla, ordenamos que este edicto sea proclamado en todas las plazas y los sitios de reunión de todas las ciudades y en las ciudades principales y villas de las diócesis, y sea hecho por el heraldo en presencia de el escribano público, y que ninguno o nadie haga lo contrario de lo que ha sido definido, sujeto al castigo de nuestra gracia soberana y la anulación de sus cargos y confiscación de sus bienes al que haga lo contrario. Y ordenamos que se evidencie y pruebe a la corte con un testimonio firmado especificando la manera en que el edicto fue llevado a cabo. Dado en esta ciudad de Granada el Treinta y uno día de marzo del año de nuestro señor Jesucristo de 1492. Firmado Yo, el Rey, Yo la Reina, y Juan de la Colonia secretario del Rey y la Reina quien lo ha escrito por orden de sus Majestades.

Los Judios en Sefarad y su participacion en el descubrimiento de America

Como menciona Esteban Veghazi, en su libro “Qué es el judaísmo”, en España,

“donde los judíos se habían establecido desde el siglo III, la población judía aumentó

notablemente después de la batalla de Guadalete (711) como consecuencia de la invasión

de los árabes, probablemente porque los ejércitos musulmanes tenían un gran número de

judíos”.5

En este ambiente, la situación de los judíos mejoró, prosperaron y hubo reyes que

tenían médicos, astrónomos y músicos judíos. Tenían tierras, talleres, hacían el servicio

militar, y en ciertas jurisdicciones disfrutaban de igualdad con los hidalgos. Los judíos

comenzaron a desarrollar en España una gran actividad cultural, conocida como La Edad de

Oro de la cultura judía.

El judaísmo prosperó por tres siglos en Granada, Córdoba, Sevilla, Zaragoza,

Barcelona, y otras. Produjeron obras literarias, religiosas y mundanas. Con el florecimiento

de la cultura árabe, muchos judíos que conocían el idioma se dedicaron a la filosofía y a las

ciencias. La cultura judía dio sus mejores frutos en aquella época. El hombre de la

sinagoga se convirtió en hombre de mundo, participaba en la vida pública y ayudaba a los

reyes árabes en sus empresas y en política.

Pero los judíos nunca olvidaron su antigua patria. “Algunos volvían a la tierra de

Israel para terminar allí sus días, mientras que otros judíos echaban raíces en España y vivían ahí como en su verdadera patria. De Sefarad, nombre en hebreo de España, deriva el

nombre sefaradíes, como se llamaron a sí mismos los judíos de España, pensando que allí

alcanzarían la tranquilidad y un lugar sosegado para sus descendientes, pero jamás

olvidando a Jerusalén”.6

En este período, en los países musulmanes, el pueblo judío pudo llevar una vida

tranquila y continuar con su desarrollo cultural.

Distinto era el caso en resto de los países de la Europa cristiana. A medida que el

cristianismo iba ganando fuerza en occidente, la influencia judía se encontraba en un estado

de postración, como estuvieron sumergidos ya en los últimos tiempos del Imperio Romano.

Los judíos no pudieron alcanzar autoridad alguna en el ambiente cristiano, se los alejó de

los cargos públicos y privados, sin derecho a ciudadanía.

Los judíos originalmente un pueblo agrícola, sin aptitudes especiales y sin

disposiciones para el comercio, se vieron obligados, en su calidad de marginados de la

población urbana, a dedicarse al comercio, lo que causó un cambio en los rasgos

característicos de su existencia.

“A partir de la época feudal, se especializaron cada vez más en el comercio

minorista y buhonero, pues les eran prohibidas todas las otras profesiones, excepto la

medicina. El judío reprobado por causa de las leyes canónicas, llegó a ser banquero por

excelencia; “el judío” y el “usurero” se convirtieron en palabras sinónimas. De este modo

se transformaban en acreedores y enemigos para gran parte de la población. Más tarde, al

despertar el espíritu del sentido comercial y al mismo tiempo, cuando estaba declinando el

vigor de las leyes canónigas ante lo imperativo de la lucha por la existencia, el

precapitalismo cristiano empezó a perseguir al judío como competidor o poseedor de un

monopolio productivo”.7

Como menciona el autor, a modo de generalización, en los países cristianos en la

época medieval, los judíos gozaban de un status positivo cuando sus servicios eran

utilizables para las clases gobernantes, y un status negativo, cuando fuerzas desintegradoras

de la sociedad se oponían a su utilidad.

Expulsión de los judíos de España

En España, los judíos vivieron épocas de gran esplendor y a la vez, períodos de

degradación. “En ninguna parte del mundo, después de la destrucción del Segundo Templo,

el pueblo judío desempeñó un papel tan importante en la vida de un país y produjo tan

altos valores espirituales como en la península ibérica”.8

Pero este desarrollo tuvo un desenlace trágico en el año 1391, cuando comunidades

enteras fueron obligadas a convertirse al cristianismo -cuando el movimiento

denominado por los historiadores La reacción clerical pudo ejercer sin contrapeso el lema

Bautismo o muerte- o cuando familias judías aceptaron voluntariamente el bautismo. Se

calcula, que al llegar el siglo XV casi la mitad de la población judía fue forzada a

convertirse; a los judíos se les quitaban sus derechos y autonomía judicial y se los aislaba

en las llamadas juderías especiales. A las sinagogas se las rebautizaba como iglesias

cristianas.

“Los convertidos al cristianismo y aun sus remotos descendientes, eran conocidos

entre los judíos con el nombre de “anusim” (forzados); o sea, personas a quienes se

obligara a adoptar la religión dominante. El resto de la población los llamaba “conversos” o

“cristianos nuevos”, para distinguirlos de la población general, los “cristianos viejos”. Pero

a los cristianos nuevos se los llamaba comúnmente “marranos”, viejo término español, que

data de comienzos de la Edad Media y significa cerdo. Aplicado a los recién convertidos, al

principio irónicamente, debido a su aversión a la carne del citado animal, volvióse, por

último, un término general que se extendió a todas las lenguas de Europa Central”.9 Así, los

marranos, son aquellos judíos, que convertidos al cristianismo forzadamente, practicaban

en secreto su religión, por temor a ser atrapados por el Tribunal de la Inquisición y morir en

la hoguera.

Sin embargo, a medida que los judíos se alejaban de sus orígenes y se convertían al

cristianismo, identificándose con la sociedad católica e incorporándose a las funciones que

antes como judíos les eran vedadas, más crecía la adversidad en su contra.

En el año 1474 se casaron Fernando de Aragón e Isabel de Castilla y el imperativo

de unidad religiosa se hizo más patente. En noviembre de 1478, a pedido de la pareja real,

el Papa Sixto IV dictó la Bula, que fundó la Inquisición en España y en 1480 se instaló el

Primer Tribunal en Sevilla. Así, el 6 de febrero de 1481 se realizó en el quemadero de

Sevilla el Primer “Auto de Fe”, en el cual se quemaba vivo a aquellos judíos conversos,

que practicaban su judaísmo en forma oculta. Los bienes confiscados pasaron a los

reyes. Se establecieron tribunales en Córdoba, Jaén, Ciudad real, Toledo, Zaragoza, entre

otros. Se creó el Consejo Supremo de la Inquisición, y el cargo de Inspector general recayó

en Tomás de Torquemada.

A fines de 1491 se entregó Granada y el 2 de enero de 1492 entraron los reyes en

ella. Con ello se selló la solución al problema de la unidad religiosa.

El establecimiento de la Inquisición agravó la situación de los judíos conversos, ya

que contra ellos estaba dirigida especialmente. A todos los cristianos se les impuso la

obligación de denunciar a los que llamándose cristianos nuevos continuaran practicando su

religión judía en secreto. Los acusados no sólo debían confesar sus propios pecados, sino

que también debían denunciar a parientes y amigos judaizantes. Cabe precisar, que además

de los judíos, el Tribunal de la Inquisición se dedicó a perseguir todas las acciones

catalogables bajo el rótulo de herejía.

Finalmente, una vez lograda la unidad religiosa en todo el reino de España, los reyes

Fernando e Isabel decretaron el Edicto de Expulsión de todos los judíos, que no se hubiesen

convertido al catolicismo, el día 3 de marzo de 1492.

A continuación un fragmento del Edicto de Expulsión (se encuentra completo en

anexos):

...Por ende Nos en consejo é parecer de algunos perlados é grandes é caballeros

de nuestros reynos é de otras personas de ciencia é conciencia de nuestro Consejo, aviendo

avido sobre ello mucha deliberación, acordamos de mandar salir á todos los judíos de

nuestros reynos, que jamás tornen, ni vuelvan á ellos, ni á alguno dellos; é sobre ello

mandamos dar esta nuestra Carta, por la qual mandamos á todos los judíos é judías de

qualquier edad que seyan, que viven é moran é están en los dichos reynos é señoríos, ansi

los naturales dellos, como los non naturales que en qualquier manera é sombra ayanvenido ó esten en ellos, que fasta en fin de este mes de Julio, primero que viene deste

presente año, salgan con sus fijos é fijas é criados é criadas é familiares judíos, así

grandes como pequeños, de qualquier edad que seyan, é non seyan osados de tornar á

ellos de viniendo nin de paso, nin en otra manera alguna; só pena que, si lo non ficieren é

cumplieren así, é fueren fallados estar en los dichos nuestros reynos é señoríos ó venir á

ellos en qualquier manera, incurran en pena de muerta é confiscación de todos sus bienes,

para la nuestra Cámara é fisco…”.10

A pesar del alto cargo de Isaac Abrabael, Ministro de Hacienda del reino, Fernando

e Isabel, no tuvieron piedad con él, e igual como el resto de los judíos debió abandonar

España para no someterse al bautismo.

“... y en el año 5252 (es decir, 1492 de la era común) conquistó el rey de España

todo el reino de Granada y la gran ciudad de Granada, populosa y señora entre los reinos.

Y en medio de su poderío y de su soberbia fue dominado por el ánimo de que debía algún

reconocimiento a su Dios, y se dijo en su corazón: ¿Cómo complaceré a mi Dios por

haberme ceñido de fuerza para vencer? ¿Cómo agradeceré a mi Creador por haber

entregado en mis manos esta ciudad, si no sometiendo bajo sus alas al pueblo errante de

Israel, haciendo retornar a su ley y a su fe a la hija descarriada? O bien, desterrándolo de

delante de mi faz a una tierra extraña, para que no siga residiendo en mi país y no

comparezca ante mis ojos.

Mientras me encontraba en la corte del rey cánseme clamando, secóseme mi

garganta y hablé tres veces con el soberano y con mi boca le supliqué diciéndole:

¡Socórrenos, oh rey! ¿Por qué has de tratar de este modo a tus siervos? Auméntanos las

gabelas y los impuestos y todo lo que posee cada varón de Israel lo entregará en aras de su

país. Mas él, cual sorda sierpe, cerró sus oídos, sin retroceder ante nada, y la reina, como

un espíritu del mal, permanecía a su diestra…

Y desfallecido, salió el pueblo en medio del cual yo también me encontraba, en

número de trescientos mil viandantes, entre jóvenes y ancianos, niños y mujeres, en un solo

día, desde todos los rincones del reino. Y anduvieron caminando en la incierta direccióndel viento... Una parte se dirigió a los reinos de Portugal y de Navarra, próximos a ellos. Y

padecieron angustias, penurias y tinieblas y fueron víctimas de grandes males. Y yo

también escogí el camino de estos últimos, el camino de un barco en medio del mar...”.11

Se calcula que fueron aproximadamente 200.000 los judíos que salieron de España,

pero no se considera en esa cifra a los cerca de 250.000 judíos conversos que partieron

junto a ellos.

La mitad de los judíos expulsados se fueron a Portugal para seguir practicando su fe,

desde donde también serían desterrados, cuando Manuel, el rey de Portugal, establece

buenas relaciones con Fernando el católico y también procede en el año 1495, a expulsar a

todos los judíos recién llegados, junto con los que habitaban en su país.

Así, los judíos, tuvieron que emigrar a otras tierras, como Italia, Turquía, Holanda,

entre otras. Muchos, llegaron al continente americano recientemente descubierto. Algunos

grupos se radicaron en Brasil, donde posteriormente se los obligó a convertirse al

cristianismo. Los descendientes de estos judíos y de los judíos conversos, desempeñaron un

papel activo e importante en la colonización de América Latina y, todavía existen

descendientes de estos judíos conversos españoles y portugueses, mucho de los cuales

pertenecen a las grandes familias de la aristocracia criolla, como veremos más adelante.

Otro núcleo muy importante de judíos se desplazó a lo largo del mediterráneo y al

norte de África. Pero fue en el Imperio Turco Otomano donde fueron mejor recibidos.

Cuando se supo de la expulsión, el sultán Bayaceto habría lanzado el siguiente decreto a los

judíos: “Escuchad, descendientes de hebreos que vivís en mi país; que vengan a

Constantinopla todos los que quieran y que los salvados de vuestro pueblo encuentren aquí

su reparo”.12 Los judíos que se instalaron en el Imperio Turco mantuvieron el idioma

ladino, las costumbres españolas, el amor por Sefarad (España) y su judaísmo, ya que se

les permitió mantener su culto. A estos judíos se los denomina sefaradíes, y sus

descendientes en los inicios del siglo XX llegarán a nuestro país, como veremos más

adelante.

 

La participación de judíos conversos en el viaje de Cristóbal Colón al Nuevo

Mundo

En medio del clima recién descrito, con el establecimiento de la Inquisición en

España, se puede comprende fácilmente el interés extraordinario demostrado por los judíos

conversos en la expedición de Cristóbal Colón, con la esperanza de canalizar el éxodo de

los perseguidos hacia tierras nuevas, donde podrían rehacer sus vidas, recobrar la libertad y

practicar el judaísmo.

Cabe mencionar que Cristóbal Colón nunca pensó en descubrir un nuevo continente,

sino que pretendía encontrar una vía marítima más rápida para llegar a la India, lugar con el

que se practicaba un intenso comercio y en el que se sabía que coexistían distintos credos

sin mayores dificultades.

Fue un judío converso, Luis de Santángel, secretario racional de la corona de

Aragón, junto con Juan de Cabrera, judío converso chambelán del rey, quienes abrieron el

camino a Cristóbal Colón hacia la corte.

“Así lo destaca el padre Bartolomé de las Casas en su “Brevisima relación de la

destrucción de las Indias”, cuando se refiere al valor decisivo de la intervención de

Santángel cerca de la reina de Castilla, cuando ya ésta se había desentendido por segunda

vez de toda relación con el proyecto de Colón”.13 A Santángel Cristóbal Colón le envía la

primera noticia sobre el descubrimiento de las Indias. Y no a los reyes.

Pero los judíos no solamente fueron los protectores de Colón, si no que también

fueron los que le proporcionaron los datos científicos necesarios para su gran empresa. El

“Almanaque Perpetuo”, escrito por el astrónomo y profesor de la Universidad de

Salamanca y Zaragoza, Abraham Zacuto, fue de gran utilidad para Colón, que hace

referencia a él en sus memorias. Igualmente útiles fueron los trabajos del Maestre Jaime de

Mallorca, “el judío de las brújulas” y de su padre, Abraham Cresques, autor del “Atlas

Catalán”. Entre otros.

También, encontramos a judíos conversos que tomaron parte personal en la

expedición de Colón. “Tenemos al Maestre Bernal, médico a bordo, y el cirujano Maestre

Marco; otro judío converso es Rodrigo Sánchez de Segovia, Tesorero de la Armada, designado por la reina Isabel; el interprete Luis de Torres, es el primer judío en el

continente americano en manifestar abiertamente “su fidelidad a la religión de sus

ancestros” y Rodrigo de Triana, a quien se le atribuye haber visto por primera vez tierra

americana, entre otros”.14

2.1.5. Judíos conversos en las colonias españolas

En las colonias españolas el proceso del dominio de las tierras fue lento, pero a

medida que aumentaban las expediciones y las conquistas, se introducía un número cada

vez más importante de judíos conversos, los cuales se cuidaron mucho de no ser

descubiertos en su origen judío. Ya que la entrada a estas colonias estaba vedada a los que

no “gozaban” de pureza de sangre o a los que siendo judíos no se hubiesen convertido al

cristianismo.

Por esto, se comprende que el certificado de bautismo era un documento

indispensable para embarcarse hacia el Nuevo Mundo. En el caso de los judíos conversos,

se los denominaba cristianos nuevos.

Así, el paso a estas tierras se realizó alterando la identificación, para disimular un

origen que involucraba persecución. Cualquier judío español o portugués, al convertirse al

cristianismo, tenía que tomar un apellido nuevo sustituyendo su nombre propio hebreo por

un nombre del santoral católico y cambiando su apellido por otro español. Algunos recibían

nombres beatíficos como Santa María, San Martín, Santángel, Santa Cruz, Santa Clara, etc.

Otros recibían un apellido cualquiera, a veces bastante ridículo, como Cabeza de Vaca, que

lleva el famoso explorador español. Del mismo modo les servían de apellidos los nombres

de ciudades, por ejemplo: Madrid, Toledo, Salamanca, etc.

La precaria situación de los judíos conversos que llegaban a América se comprende

en el siguiente edicto de la reina Juana de Castilla, en el año 1511:

“Por cuanto yo he sido informada que en la Isla Española é las otras islas, India é

Tierrafirme del Mar Océano se han pasado é se pasan destas partes muchos hijos é nietos

de quemados… expresamente defiendo que agora ni de aquí en adelante, tanto cuanto mimerced é voluntad fuere, por lo que a mi toca, que ningunos nin algunos nietos ni fijos de

quemados no puedan tener ni tengan, ni usen ni exerciten por sí, por ninguna vía, directa

ni indirecta, ningunos de los oficios reales ni públicos, ni concejales ni otros algunos”.15

Ya en el año 1515, un judío converso, Pedro de León, fue traído de regreso con su

familia desde las Indias para ser juzgado en Sevilla. Cuatro años después, el Supremo

Tribunal de España nombró inquisidores para las colonias americanas. En el primer grupo

de víctimas figuraba Hernando Alonso, el conquistador, quemado en la hoguera en 1528,

durante el primer “Auto de Fe” celebrado en el Nuevo Mundo.

A pesar de lo anterior, salvo casos excepcionales, los conversos o cristianos nuevos

en un principio no sufrieron mayormente de la Inquisición. Fueron tiempos de aparente

tranquilidad. Tenían gran facilidad para movilizarse en el Nuevo Mundo. Hasta que en el

año 1570 llegó a Lima el inquisidor español Serván de Cerezuela para fundar el Tribunal

del Santo Oficio en esta ciudad y el resto del reino. Lo mismo sucede en México en el año

1571.

Entre los edictos publicados por el Santo Oficio encontramos el siguiente que nos

hace notar un profundo conocimiento de la vida de los judíos conversos en América:

“Os mandamos denunciar ante Nos, si sabéis u habéis oído decir que algunas

personas hayan guardado los Sábados, en observancia de la Ley de Moisés, vistiendo en

ellas camisas limpias u otras ropas mejores, poniendo en la mesa manteles limpios y

echado en las camas sábanas limpias por honra de dicho sábado, no haciendo lumbre ni

otra cosa en él guardándolo desde el viernes en la tarde (...) O que hayan ayunado el

ayuno mayor que los judíos llaman del perdón, andando aquel día descalzos. O si rezasen

oraciones de judíos (...) O si esperasen el Mesías (...) O si cuando nacen las criaturas las

circuncidan y ponen nombres judíos. O si les lavasen, después de bautizarlos, el sitio

donde se puso el óleo y crisma. O si algunos están casados al modo judaico (...) O si

alguno ha dicho que tan buena es la ley de Moisés como la de Cristo”.

Con el establecimiento del Tribunal del Santo Oficio en Lima y en México, se

celebraron “Autos de Fe” masivos, que eliminaron a una parte importante de la

presencia judía de América Hispana. Los Tribunales dependían en forma directa del

Consejo de la Santa y General Inquisición de España y tenían jurisdicción en toda la

extensión de sus respectivos Virreinatos. En el caso de Lima, bajo su mando quedaba todo

el territorio perteneciente a la corona española desde Perú hasta el sur de las actuales

repúblicas de Argentina y Chile. En 1610 se agregó un tercer Tribunal con sede en

Cartagena de Indias.

Sin embargo, mientras los judíos conversos no fueron descubiertos en su origen,

pudieron formar núcleos importantes, destacándose en diversas actividades. “Ocupaban

cargos, desde los más humildes, como criados arrieros, agricultores o mineros, pero

también en las más encumbradas, desempeñado funciones de Gobernadores,

administradores, secretarios de Obispados, constructores, cirujanos o artesanos, labores

relacionadas con el comercio, las finanzas, la medicina. Y existía un número considerable

de eclesiásticos”.17

De varios cristianos nuevos leemos en las actas de la Inquisición, que pertenecían a

lo más granado de la ciudad. Los vemos en la Universidad, en la Administración, en la

literatura, en las profesiones liberales, pero los vemos también en las diversiones y en la

vida de holganza de la aristocracia.

Pero de ninguna manera pudieron organizarse y formar comunidades judías. Si

querían practicar su religión, lo debían hacer siempre en secreto. Y mantenerse dispersos,

sin ser libres en su religión, como tal vez soñaron al salir de España...

“Salvo contadas excepciones, su judaísmo consistía en los recuerdos que habían

logrado conservar a través de las prácticas de un judaísmo subterráneo, ejecutado en

sótanos y lugares apartados, mientras hacían en público ostentación de buen cristianismo.

No obstante la extraordinaria fidelidad que demostraron a la religión de sus antepasados sus

conocimientos de ella se habían mezclado con las prácticas cristianas de todos los días y

sus verdaderas costumbres judías y las enseñanzas de la doctrina de la religión deben haber

sido rudimentarias”.

Cristianos nuevos en el reino de Chile

Como menciona Günter Bohm, en su artículo “Cuatro siglos de presencia judía en

Chile”, la presencia de judíos o de judeo conversos está documentada desde 1535, año en

que un pequeño ejército al mando de Diego de Almagro marchó hacia Chile desde el

Cuzco. A lo menos uno de los participantes de esta expedición, Rodrigo de Orgoños -hijo

de un modesto zapatero de Oropesa-, era hijo de converso y pereció en la batalla de Las

Salinas combatiendo al lado de Almagro.

“Dado que el certificado de bautismo era un certificado indispensable para llegar al

Nuevo Mundo, los judíos que adoptaron la conversión voluntariamente o en forma forzosa,

aparecían en la documentación oficial como cristianos nuevos, a diferencia de los cristianos

viejos que podían demostrar que no contaban entre sus familiares más cercanos a ninguna

persona de origen judío. Todas las denuncias anónimas o de personas identificables, como

también todos los procesos que afectaban a los problemas de la fe, eran celosamente

guardados por los Tribunales del Santo Oficio de la Inquisición, tanto en la península

ibérica como en las colonias de ultramar, lo que permitió conocer con absoluta certeza, ya

en aquélla época y durante los períodos posteriores, el origen de muchos personajes

coloniales que intentaban ocultar su ascendencia judía, para poder vivir en un plano de

igualdad social y profesional”.19

Como explica el autor, una vez fracasada la expedición de Almagro, se inicia en el

año 1540 la segunda expedición a Chile, al mando de Pedro de Valdivia. Entre sus

compañeros se encontraba Diego García de Cáceres, amigo fiel y albacea del fundador de

Santiago. Su origen judío se menciona por primera vez en el año 1619, cuando aparece en

la ciudad de Lima un libro genealógico titulado “La Ovandina”, el que fue requisado por el

18 FIEDLANDER, Günter. 1966. Los héroes olvidados. 1ª. ed. Santiago, Chile, Editorial Nacimiento. p. 40.

19 BOHM, Günter. 1983. Cuatro siglos de presencia judía en Chile. Revista Chilena de Humanidades,

Facultad de Filosofía, Humanidades y Educación, Universidad de Chile (Santiago, Chile) N°4: p. 94.

32

Tribunal del Santo Oficio, y provocó un gran escándalo, pues daba a conocer el linaje de

muchas familias importantes que estaban “tenidas y opinadas por confesas y no limpias en

este reino”.20 Pasaron tres siglos antes que se descubriera la documentación original

correspondiente a la información levantada en España en 1620, relacionada con Diego de

García y sus familiares más cercanos.

El Alguacil de la Catedral de Plasencia afirmaba que “Diego García de Cáceres fue

de esta ciudad de Plasencia al descubrimiento de Chile, donde fue Capitán, y cuando se

fue de esta tierra no se decía “de Cáceres” como agora lo nombran, y que tiene por muy

cierto era natural de esta ciudad, porque en ella le conocen muchos parientes y ninguno de

ellos es cristiano viejo ni limpio, sino que todos descendientes de judíos y por tales habidos

y tenidos en esta ciudad y comúnmente repudiados”.21 Este es un ejemplo de cómo se

guardaron los archivos del Tribunal Inquisición y hasta donde tenían conocimiento de

quienes eran judíos o judíos conversos.

“Cabe destacar que entre los descendientes de Diego García de Cáceres se cuentan

a Diego Portales y José Miguel Carrera”.22

Otro judío converso que llegó al reino de Chile fue Francisco de Gudiel, en el año

1543. De él afirma en una carta Hernando de Ibarra que “estaba aguardando la venida del

Mesías”.23 También están documentados Pedro de Omepezoa, Alonso Alvarez, Juan

Serrano y Pedro de Salcedo.

El importante conquistador y Gobernador del reino, Francisco de Villagra, tenía

entre sus antepasados un familiar judío, su abuela, Isabel Madurra, lo que, sin embargo, no

le impidió entrar a la orden de Santiago.

20 Ib.

21 Ib.

22 Ibid, p. 95.

23 BOHM, Günter. 1963. Nuevos antecedentes para una historia de los judíos en Chile colonial. 1ª. ed.

Santiago, Chile, Editorial Universitaria. p. 20.

33

Con estos pocos ejemplos mencionados se puede desprender con qué facilidad los

judíos conversos podían movilizarse por el Nuevo Mundo. Situación que duró hasta el año

1570, cuando se establece el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en Lima, como

mencionamos anteriormente.

En el reino de Chile, no funcionó un Tribunal, sólo actuaban comisarios, que con el

auxilio de notarios y alguaciles recibían las denuncias, realizaban las primeras indagaciones

y luego remitían el expediente a Lima, donde se seguía el proceso y se fallaba. Las

dificultades para desplazarse y residir en sus ciudades no constituyó mayor problema, salvo

algunas denuncias u órdenes de apresamiento que perseguían a algún recién llegado o

residente del país.

Como menciona el autor, un caso destacado fue el del joven judío Luis Duarte de

Portugal, cuyo padre fue condenado por el Santo Oficio en el año 1597. Para despistar en su

origen judío, Luis Duarte cambió su apellido por el de Luis Noble, lo que no le salvó de la

denuncia de cuatro personas que testificaron ante el inquisidor de Buenos Aires “que nunca

lo habían visto rezar ni rosario y todos lo llamaban el judío”.24 Debido a esta acusación,

huye a Tucumán y se establece en Perú. En el año 1608 ingresó con la tropa que envían

desde el Callao como refuerzo a Chile. Tan pequeño era el número de soldados que

pensaban viajar, que apenas se logró juntar a 240 hombres. Se comprende, por lo tanto, que

nadie pensaba investigar a Luis Noble por su origen judío y si actualmente se conocen estos

antecedentes se debe al proceso al que fue sometido a su regreso desde Chile, donde quedó

herido de un brazo, y al no disponer de medios para sobrevivir, robó una cruz de plata en

una Iglesia en el Callao.

Este ejemplo nos demuestra la facilidad con que los judíos conversos podían viajar

al reino de Chile, sin que el comisario del Tribunal de la Inquisición de Santiago se

molestara en investigar su origen.

Pero distinto era el caso si un converso se declaraba abiertamente como judío, ya

que si lo hacía era detenido e interrogado en Santiago y posteriormente enviado al Tribunal

de la Inquisición en Lima.

24 BOHM, Günter. 1983. Cuatro siglos de presencia judía en Chile. Revista Chilena de Humanidades,

Facultad de Filosofía, Humanidades y Educación, Universidad de Chile (Santiago, Chile) N°4: pp. 95 a 96.

34

El caso más dramático fue el del cirujano Francisco Maldonado de Silva, quien

se declaró públicamente como judío e intentó convertir a sus hermanas, las que se habían

criado como sinceras cristianas, y lo denunciaron al comisario del Santo Oficio de

Santiago.

En enero de 1639 en la ciudad de Lima, se realizó el Auto de Fe más grande de

América del Sur, donde Francisco Maldonado de Silva fue quemado vivo por “judaizante”,

única víctima del reino de Chile que sufrió esa espantosa muerte durante el período

colonial.

Fue denunciado y detenido en el reino de Chile, debió comparecer ante el comisario

de Santiago al ser acusado de adherir a la Ley de Moisés, fue procesado por el Santo

Oficio y finalmente quemado vivo en la hoguera en la ciudad de Lima, tras doce años de

confinamiento. Por su alta importancia, este destacado caso se encuentra explicado

detalladamente en anexos.

Se conocen, además, otros casos que se remontan a ese período, pero que no

terminaron tan trágicamente. Por ejemplo, “se encuentra Marcos Rodríguez, de Santiago, a

quien se le denunció de “haber afirmado que hacia Dios cosas que no estaban bien

hechas”. Juan de Oropesa, de La Imperial, fue acusado al vicario del pueblo por ciertas

expresiones vertidas. Juan de Balmaceda fue testificado en Concepción, por el mes de

agosto de 1612, de que hallándose una noche “en presencia de otros soldados había dicho

que Dios no tenía Hijo”. Francisco de Gudiel y Alonso Alvarez, de Concepción, fueron

acusados por “aguardar la venida del Mesías”. 25 Entre otros.

Pero en la mayoría de estos casos el Tribunal falló con incautación de bienes o con

penas de cárcel, pero no se llegó a casos tan extremos como el de Maldonado de Silva.

A mediados del siglo XVII comenzaron a disminuir los procesos, que el Tribunal de

la Inquisición arremetía en contra de judíos y herejes en general. Ya en el siglo XVIII se

inicia para el Tribunal un período de decadencia, que apresurarían las nuevas ideas

25 BOHM, Günter. 1963. Nuevos antecedentes para una historia de los judíos en Chile colonial. 1ª. ed.

Santiago, Chile, Editorial Universitaria. p. 25.

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relacionadas con la ilustración y el pensamiento liberal. A comienzos del siglo siguiente la

institución se extingue sin dejar rastros.

“La primera medida contra la Inquisición en Chile fue tomada por el Congreso de

1811. Aun cuando no se atrevió a proceder con energía, resolvió al menos impedir -por más

que protestara el representante del Santo Oficio- que los recursos del país sirviesen para el

sostenimiento del tribunal limeño”.26 Cuando las Cortes de Cádiz, el año 1813, declararon

abolida la Inquisición en los dominios españoles, se publicó en Santiago el decreto

respectivo. En qué fecha concreta, fue abolida la Inquisición no lo podemos decir, aunque

también aquí la emancipación política significó una mayor tolerancia religiosa y libertad de

pensamiento.

Podemos concluir que los judíos conversos sufrieron un fuerte proceso de

asimilación cultural, lo cual significó que se convirtieran al catolicismo y la

castellanización de sus apellidos. Estas familias, en su gran mayoría, perdieron su identidad

como judíos. Tenían un lazo sanguíneo que los unía con su fe y cultura, pero esto no fue

suficiente para afirmar su pertenecía en ella, ni la de sus descendientes.

Por lo cual, se puede afirmar, que durante la Conquista y la Colonia de Chile, hubo

una importante inmigración judía, que por su asimilación con el país, se hace imposible de

cuantificar.

Como ya mencionamos, esta inmigración fue principalmente de judíos conversos, que

no se organizó en comunidades, debido a las difíciles condiciones para sobrevivir como

judíos, por lo que fue una inmigración, que no guardó ninguna relación con las posteriores

inmigraciones judías. Fue una población asimilada rápidamente, con cambio de apellidos,

que evolucionaron constantemente hasta hacerse irreconocibles.

 

Paula Andrea Calderon.

Santiago de Chile.

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